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Xantolo: la fiesta donde la muerte se recibe con música

El son huasteco, las máscaras y la mesa abierta: por qué el Xantolo de la Huasteca Potosina no despide a sus muertos sino que les da la bienvenida con una parranda que dura siglos.

DA
David Alarcón
6 de octubre de 2026
Xantolo: la fiesta donde la muerte se recibe con música

En la Huasteca la muerte no llega de luto: llega con violín. El Xantolo —la fiesta de muertos de los pueblos teenek, nahuas y pames— es, sobre todas las cosas, una parranda. El Xantolo forma parte de la declaratoria de la UNESCO "Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos" (41 pueblos, 20 estados; proclamada en 2003 e inscrita en 2008). Y esa parranda tiene música propia, elenco propio y una regla de oro: aquí no se despide a los muertos, se les recibe en fiesta.

El trío que guía a las ánimas

La banda sonora del Xantolo es el son huasteco: violín, jarana y guitarra huapanguera. No es música de ambiente — es el vehículo del ritual. Hay sones que se tocan para momentos exactos, y uno tiene deber asignado: «El Canario» se toca para las máscaras, en su honor, cuando despiertan. Los cohetes completan la comunicación: cada momento del ciclo (bajada, ofrenda, salida a danzar) se avisa con cuetes para que el pueblo entero sepa dónde está pasando la fiesta.

Los huehues: los abuelos que vuelven a bailar

Los huehues —del náhuatl huēhueh, «viejo»— no son disfrazados: son los ancestros encarnados. La máscara no es un disfraz sino el rostro del difunto que vuelve, y quien la porta «presta su cuerpo» mientras dura la danza. Por eso el Vaquero abre camino con su chirrión, el Diablo travesuras con su lengua colgando, la Catrina viste traje huasteco de gala y el Cole coquetea con la Mamanina hasta hacer reír a la calle entera. En San Vicente Tancuayalab se reconocen en la calle los siete personajes clásicos de la parranda.

La calle es el escenario

A diferencia de otras fiestas de muertos centradas en el panteón, aquí la comparsa itinerante es el corazón: las cuadrillas de huehues recorren casa por casa del 31 de octubre al 2 de noviembre, bailando sones, llevando a las ánimas perdidas hacia su arco y recogiendo lo que cada casa les ofrezca. El arco de cempasúchil de cada familia es la puerta del cielo; la comparsa es quien guía hasta ella.

Casa abierta: la hospitalidad radical

Toda casa que levanta arco abre sus puertas sin invitación y sirve tamal, pan, atole o aguardiente a cualquiera que llegue — vivos y muertos por igual. Comer de la ofrenda no solo está permitido: es de buena educación aceptar; la ofrenda no es exhibición, es mesa abierta. Los niños hacen su parte con los chichiliques: el «pedir calaverita» huasteco que reparte casa por casa la comida de los muertos. Aquí te contamos qué se ofrenda.

El regreso: destape y guarda

La fiesta cierra como empezó: con rito. Entre el 2 y el 4 de noviembre los huehues se someten a la limpia de limonaria y copal antes de poder quitarse máscara y traje — el destape, el momento en que los danzantes vuelven a ser vecinos. Las máscaras se sahúman, se guardan en lo alto de la casa y esperan ahí, colgadas, hasta la siguiente bajada el 29 de septiembre. El ciclo nunca termina: se guarda para volver a empezar.

Si este año quieres verlo en vivo, empieza por la sección especial del Xantolo, compara la fiesta con Halloween y arma tu viaje con el mapa de la ruta.

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David Alarcon Rivera
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